Y se acabó el recreo: en diciembre llega la Ley de Datos (y no estamos listos)
El 1 de diciembre de este año se acaba el recreo. Y lo que más llama la atención no es la ley en sí, sino la tranquilidad con que muchas empresas están mirando el tema. Clínicas, estudios de abogados, colegios, financieras. Todos más o menos en la misma parada: “sí, tenemos un aviso de privacidad abajo”, “sí, estamos viendo el tema”, “sí, estamos ok”. No están ok.
Lo que viene y la mayoría subestima
Durante años, hacer marketing digital en Chile fue tierra de nadie. Se compraban bases de datos sin preguntar mucho. Se instalaban píxeles como si fueran stickers. Los formularios tenían ese check chiquitito, medio escondido, que te dejaba suscrito sin darte cuenta. Y funcionaba. O al menos nadie reclamaba lo suficiente.
En diciembre entra con fuerza la Ley 21.719. Multas de hasta 20.000 UTM. Más de mil millones de pesos. No es el tipo de multa que se deja para después.
Dónde está el problema real
El problema es la distancia entre lo que las empresas creen que están haciendo y lo que realmente pasa. Al mirar de cerca aparecen cosas como: bases de datos que nadie sabe de dónde salieron, formularios sin consentimiento claro, WhatsApp usado como si fuera un CRM, accesos sin control, datos circulando sin trazabilidad.
Eso no es un tema legal. Es un tema de desorden.
Las industrias donde ese desorden es más peligroso
Salud. No estamos hablando de correos. Estamos hablando de personas, de historias, de cosas que nadie quiere que se filtren. Accesos compartidos, sistemas poco protegidos, datos circulando más de la cuenta. Es como dejar la puerta de la farmacia abierta y confiar en que nadie va a entrar.
Estudios jurídicos. Muchos creen que el secreto profesional los protege de todo. Pero el secreto no sirve de mucho si el dato está mal guardado. Y ahora, si ocurre un incidente, hay que avisar en 72 horas: a la autoridad y a los clientes. Ya no es solo un problema técnico. Es reputación pura.
Financieras. Si tu negocio depende de llamar a gente que nunca te dio su número, tienes un problema. No basta con tener el dato. Tienes que poder probar que te lo dieron con esa intención.
Las tres cosas que están mal en casi todos los sitios
El clásico “acepto recibir información” ya marcado. Eso ya no vale. Si la persona no hizo clic de forma consciente, no hay consentimiento. Y tienes que poder demostrarlo.
El banner de cookies decorativo. El banner aparece, pero los píxeles ya cargaron todo. Meta, Analytics, lo que sea, todo corriendo antes de que el usuario diga que sí. Es como pedir permiso después de haber entrado a la casa e instalado.
El “borramos sus datos” (pero no tanto). Cuando alguien pide eliminar su información, muchas empresas creen que es cosa de borrar un contacto. Pero ese dato ya vive en el CRM, la web, el mailing, los backups, las integraciones. Lo borras en un lado y sigue vivo en tres más.
Lo concreto que debería estar pasando ya
Mapear por dónde entran y salen los datos. Dejar de usar bases que no puedes justificar. Ordenar formularios. Entender qué scripts están corriendo en tu web. Definir cómo borrar información de verdad, no solo en apariencia.
Nada glamoroso. Todo necesario.
En Nitten llevamos meses acompañando a clínicas, estudios y empresas en este proceso. Lo que más se repite no es la mala intención: es que nadie se había detenido a mirar con detalle.
La pregunta incómoda es esta: ¿tu empresa realmente está en control de sus datos, o solo espera que nunca pase nada?
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